cerro verde

 El Salvador posee un clima tropical, caracterizado por la calidez de su costa, pero en las zonas montañosas del interior, y en el norte, el ambiente se hace mucho más fresco, aunque sólo en raras ocasiones la temperatura desciende más allá de los 10°C. La cordillera Apaneca-Lamatepec se halla en los departamentos de Santa Ana y Ahuachapán. Esta comprende los volcanes Santa Ana (o Lamatepec), Izalco y San Marcelino -entre otros doce cerros-, de impresionante elevación y gran riqueza natural. Y en el departamento de Santa Ana, a 2.030 m de altura, encontramos el turicentro Cerro Verde que, además de reserva nacional, es ideal para quienes gustan de los bosques y el aire fresco. Numerosos animales habitan esta reserva. Hay cerca de 127 especies de aves, 17 de ellas colibríes, además de gran variedad de flores, entre las cuales se destacan las orquídeas. El clima invita a pasar unos días de calma en el Hotel de Montaña, desde donde se aprecia una extraordinaria vista de la planicie costera y, muy cerca, el volcán de Izalco, cuyo cráter se distingue fácilmente.

El Izalco, de 1.870 m de altura, es una de las más peculiares formaciones volcánicas. Su cono es el único que, ubicado en la cadena eruptiva costera del occidente de El Salvador, está desprovisto por completo de vegetación.

   Sus laderas acusan pendientes de hasta 45 grados, una dura prueba hasta para los montañistas más experimentados. Después de su primera erupción, en 1722, no cesó de estar activo, sirviendo a menudo de faro a los marinos que atracaban en el puerto de Acajutla. Los españoles, en la época colonial, creyeron que el lugar era “una boca del infierno”, y los indígenas izalqueños lo denominaban, a su vez, el “infierno de los españoles”, por lo que la fantasía popular llegó a tejer espeluznantes leyendas en torno al fenómeno. Por coincidencia, al tiempo que se inauguraba el Hotel de la Montaña en noviembre de 1966, cesaba la actividad volcánica en el Izalco. Puede llegarse a este encantador sitio por dos rutas alternas: la primera -a unos 67 km desde la capital-, en el camino de la carretera en dirección a Sonsonate, tomando el desvío que conduce al ingenio San Isidro. La segunda vía nos Ileva a la carretera que bordea el lago de Coatepeque.

 

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